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martes, 22 de octubre de 2013

"La vida cuando era nuestra" de Marián Izaguirre



Tenía que contaros que este verano estuve leyendo también una novela titulada “La vida cuando era nuestra”. Tenía traspapelada esta reseña, pero bueno parece que el otoño está ayudándome a ordenar papeles y aquí estoy para enmendar el error.
 
“La vida cuando era nuestra” de Marián Izaguirre es una novela que me pareció muy agradable de leer. Una novela con un tema claro, el amor a los libros. Y con un montón de frases que me gustaban.
 
«Cuando te encuentres sola, lee un libro… Eso te salvará». Los libros tienen de pronto el tacto redondo y húmedo de un corcho salvavidas”
 
El argumento se inicia en una librería. A partir de ahí surge la trama, o mejor dicho las tramas porque hay dos historias. O más concretamente una historia dentro de otra. Porque hay una librería en cuyo escaparate hay un libro abierto 'La chica de los cabellos de lino' al que se le van pasando las páginas. Ese libro encierra la otra historia de la novela.
 
En la librería se desarrolla la primera historia en la que dos mujeres, una británica ya más mayor, y la otra, una madrileña de unos treinta años, leen juntas una novela en la librería propiedad de la segunda. Y claro la segunda historia es la del libro, la vida de una joven inglesa burguesa a quién su padre no reconoció pero que vive intensamente la vida europea gracias a sus familiares.
 
El tiempo y el espacio varia completamente en la novela de una historia a la otra. La principal o primera, la de las dos mujeres leyendo la novela, se desarrolla en España en tiempos de postguerra, en los años cincuenta y más concretamente en Madrid. La segunda historia, la del libro, transcurre unos años antes, en los años veinte en Londres, París… y España también.
 
Un  par de detalles que me han gustado mucho de este libro es, en primero lugar que muchos autores desfilan por las páginas de esta novela: Dorothy Parker, Emily Dickinson, Proust, Ezra Pound, Chéjov... Y el otro, es que me gusta mucho la portada de la novela. Qué acierto ¿No? Dan ganas de ponerse a leer inmediatamente esa novela.
 
Por otra parte y siguiendo con la reseña, hay dos narradores, uno en primera persona que lleva una de las historias, y otro en tercera que lleva la otra historia. Indudablemente eso ayuda mucho tanto al escritor como al lector a diferenciarlas. Y enriquece la narración al hacer éstos giros de cambio de perspectiva.
 
Los personajes están bien definidos. Tienen mucho más peso los personajes femeninos que los masculinos que parece que orbitan en torno a ellas. Las dos protagonistas están perfectamente dibujadas y son muy creíbles.
 
Es una novela entretenida, placentera de leer, con un ritmo pausado. Y que da protagonismo a los libros. Me gustó, me gustó bastante.
 
“Hace frío. Solo es octubre, pero ya parece pleno invierno. He sacado el abrigo por primera vez y, como he visto que el día está nublado y hace viento, he decidido ponerme un pañuelo en la cabeza. Es un viejo pañuelo de seda que a veces llevo también al cuello, con mi chaqueta de Linton Tweeds. Antes me he recogido el pelo en la nuca. Me hubiera gustado tener un poco de brillantina Rosaflor, para que ningún cabello rebelde se saliera de su sitio, pero he tenido que conformarme con pasar la palma de la mano humedecida por la frente y las sienes. ¿Por qué tengo este pelo? Es asombrosamente blanco para mi edad. A veces me miro en el espejo y veo un reflejo amarillento, como de polluelo, que me recuerda el tiempo en el que fui rubia. Solo tengo cincuenta y un años. Nací con el siglo. No creo que me corresponda tener este pelo tan blanco”. (pág. 9)

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