miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sagrario del Peral "Fragmentada" con Pedro Maria Sánchez, Iñigo Coppel y David Llosa


El pasado viernes, a las 7 y media de la tarde y en Libertad 8, Sagrario del Peral presentaba en sociedad su poemario "Fragmentada".

Arropándola en la escena estaba el actor Pedro María Sánchez. Y con la música los artistas Íñigo Coppel y David Llosa.

Allí estaban otros poetas, recuerdo ahora a Jesus Malia, Raul Campoy... Y junto a ellos quisimos estar también algunos miembros de la tertulia Rascamán como Javier Díaz Gil, Paloma Sánchez y yo.

Dice Pedro María Sánchez de Sagrario del Peral que es "un exceso andante". Me hace gracia esta expresión, la verdad, pero las dos veces que se la he escuchado en diferentes recitales siempre me he quedado pensando que es muy cierta y le viene fenomenal a esa personalidad que tiene Sagrario.

Con ganas de comerse el mundo, recitando con fuerza y con voz alta y sonora, sin apenas necesitar micrófono, cercana, espontánea, desordenada, viva,  nos muestra Sagrario sus versos.

Qué nervios se pasan en el escenario, pero Sagrario se bandea bien con ellos, tiene la facilidad de domarlos y volverlos suyos. También tuvo el acierto de acompañarse de ese buen recitar del actor Pedro María Sánchez, que da gusto escucharle la verdad qué bien lo hace, y de dos músicos como Íñigo Coppel y David Lloca, a quiénes yo no conocía, pero que me dejaron muy buen sabor de boca.

En fín, que aquí os dejo con algunas fotos y vídeos para que podais también saborear la tarde...


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lunes, 28 de noviembre de 2011

Hasta el día 30: "Semejanzas" una exposición de Poemas y Fotografías. Begoña Montes y Emilio Ramírez



Quedan dos días para el 30 de Noviembre.

Quedan dos días para que termine el mes, y se lleve con él una exposición de poemas y fotografías que te está esperando en Moratalaz, en el metro Pavones.

Es gratuita y está en:
Centro Sociocultural y Juvenil Moratalaz.
C/Fuente Carrantona 10, de Madrid.
Con fotografías de Emilio Ramírez y poemas de Begoña Montes. 

Yo estuve el otro día y la verdad es que se ve en poquísimo tiempo, me quedé con ganas de ver más "semejanzas": más poemas y más fotos. Pero aún así, me alegré de haber ido. Porque luego pensando llegué a la conclusión de que ese poco tiempo que se invierte en verla no es proporcional al que te deja después de poso en tu interior. Volvía a casa en metro y sin darme cuenta aún pensaba en algunos de esos versos: "¿Quién organiza tu agenda?". No sé ¿Lo habéis pensado alguna vez? ¿Quién organiza nuestra agenda? ¿En quién depositamos ese tiempo de ocio o no de ocio?

En fin...

Son poemas breves, muy sugerentes, tanto los versos como las fotografías, que yo creo que en este caso los complementan.

Os dejo con tres de ellas a modo de ejemplo para que os hagais una idea. A mí estos poemas que os dejo me gustaron mucho.

Había muchos fotos y poco espacio y no pude hacer bien las fotos, pero bueno espero que se vean más o menos...

(Ya sabéis, como siempre, que si pinchais en la foto se ve más grande...)









sábado, 26 de noviembre de 2011

Premio en el XX Certamen de Narrativa María Fuentetaja de El Escorial



El jueves fue la entrega de premios del XX Certamen de Poesía y Narrativa Maria Fuentetaja del Ayuntamiento de El Escorial, donde me dieron el premio a la mejor obra escrita por una mujer, por mi cuento "Por triste".

La verdad es que uno se alegra mucho cuando te dan un premio. Es una inyección de motivación y reconocimiento. En este caso, y en narrativa, el número de obras presentadas había sido de 319 (164 escritas por hombres y 155 por mujeres).

El jurado del premio estaba formado por: Dª Blanca del Cerro Gutiérrez (Escritora. Ganadora del XVIII Certamen de Poesía y Narrativa María Fuentetaja), Dª Isabel Díaz Serrano (Poetisa., promotora cultural y crítica literaria), D. Sergio García Soriano (Psicólogo y escritor), Dª Concha Fernández (Escritora), D. Carlos de la Calle (Escritor) y Dª Victoria Taboada Soto (Profesora de Historia del Arte y Literatura).

La entrega de premios fue en el salón de actos del Centro Cultural Villa de El Escorial. Esta es otra cosa buena de los premios, que te da la ocasión de ir conociendo la geografía española. Muchas veces son pueblos o ciudades donde ya he estado, pero otras, muchas veces la verdad es en pueblos que no se me hubiera ocurrido visitar si no es por estas razones. En este caso, El Escorial ya lo conocía, pero sobre todo había estado en San Lorenzo de El Escorial, donde el Monasterio y no en la parte de abajo, que es donde estaba este Centro Cultural.

En primer lugar hubo una conferencia a cargo de Dª Victoria Taboada sobre la reina Isabel II de España muy amena e interesante. Me gustó mucho cómo contaba la historia Dª Victoria, hizo una exposición de forma muy clara y muy ordenada. Daba gusto escucharla. Parece ser que pertenece a un curso de conferencias sobre distintas Reinas que se titula "Las reinas que hicieron historia". Qué pena no vivir más cerca para poder ir.

Después por parte de Dª Carolina del Campo, secretaría de la Concejalía de Igualdad de Oportunidades, se llevó a cabo la lectura del acta y subimos los dos premiados (Poesía y Narrativa) a recoger el diploma y a leer nuestros textos. Dª Carolina ha sido también muy amable conmigo. Cada vez que se ha dirigido a mí me ha dado toda la información de forma muy amplia y siempre con mucho agrado.

Y nada, pues que ya pasó... Lo paso fatal con los nervios, pero luego la verdad es que siempre están bien estos actos. Te das cuenta de que hay personas muy agradecidas con el relato que les lees, muy amables, cuando terminas enseguida vienen a darte la enhorabuena y a comentarte cómo les ha parecido. Da gusto. 

Si quereis leer el acta o incluso las obras ganadoras y finalistas, están colgadas en la web del Ayto. de El Escorial. En el bloque de la izquierda vais a Cultura, después en Actividades 2011, y por último Certamen de Poesía y Narrativa 2011. Os dejo el vínculo:

http://www.elescorial.es/


De todos modos también os dejo con mi relato. Cuando escribo casi siempre me gusta ir alternando los tipos de relatos. Si la última vez he inventado un relato serio pues después toca intentar escribir uno más distendido. Me gusta alternarlos. Este es de los distendidos. Es un relato sobre la literatura, es un guiño, un juego con las figuras literarias y con el lenguaje mismo...

Bueno a ver qué os parece.


 
¡Por triste!
Un día perdí los adjetivos. Como lo oye. Menudo conflicto. Qué digo conflicto, qué desesperación. Porque, quieras que no, te preocupas. Se pueden perder las llaves, las gafas, la cartera y sobre todo los nervios, pero ¿los adjetivos? ¿Quién pierde hoy en día los adjetivos? Nadie. A esos nos lo pierde nadie... Lo lógico es tener tus adjetivos siempre al alcance de la vista, o mejor dicho de la lengua. Pero ¿cómo se sentiría usted si de pronto se diese cuenta de que los ha perdido? No hace falta ni que conteste, fatal, cómo me sentí yo, frágil, perdido, desnudo, indefenso, neutro. No se puede usted ni imaginar la angustia de esas horas en que no los encontraba… Porque claro al final aparecieron. ¿Que qué dijeron? Que habían estado jugando. Imagínese. Esa fue la absurda explicación. Jugando. Como niños. No lo podía creer. Después de los nervios, la preocupación, los problemas y que habían estado jugando…  Pues sí los adjetivos también juegan. Ya lo ve. Bueno, bueno, bueno. Uno a uno les fui llamando al orden, me enfrenté a ellos, les regañe y hasta les amenacé con encerrarlos para siempre, claro que en el fondo cualquiera sabe que aquello traería más problemas que soluciones, así que al final tuve que aguantarme y como a niños dejarlos sueltos...

Todo comenzó aquel día que resbalé. Otras veces había resbalado en casa, en la acera, en el metro... pero nunca había tropezado con un tropo. Con un tropo no resbala nadie ¿no? Pues sí, porque allí estaba, en mitad de la calle, en mi camino, entre mis pies… Y con lo patoso que soy pues tropecé con él, me enredé entre sus ambigüedades y caí en todo el centro de una enorme metáfora, dentro de la cual y sin remedio empecé a sumergirme poco a poco. Era un espejismo. ¿Qué digo un espejismo? Era una auténtica pesadilla. Porque su gran fuerza poética me absorbía y absorbía. Me succionaba. Y quizás no fuera una metáfora sino una metonimia, ya sabe que son familia, porque me hundía, me hundía sin remisión, aunque hacía esfuerzos y esfuerzos por salir de allí, cuando lograba sacar una parte me arrastraba el todo, cuando intentaba saltar sobre el continente, parecía aspirarme con más fuerza aún el contenido. Una pesadilla, ya le digo. Daba una brazada, y me hundía, daba otra y me hundía aún más en su significado. Iba a abandonarme ya a mi suerte, sin comprender aquello, cuando entre los esfuerzos acerté a divisar un palíndromo. Aunando todas mis fuerzas intenté cogerlo, pero como era por delante como por detrás, por un lado como por otro, se me resbalaba entre los dedos, y así una y otra vez, una y otra hasta que conseguí asirlo por el centro, me impulsé y al fin logré salir de la metáfora, o de la metonimia, o de qué sé yo qué maldito tropo era ese... Quizás era una alegoría pensé después... que no alegría porque salir, salí de allí, pero cómo salí...

Al borde del agotamiento, una vez fuera del tropo, al intentar respirar me acometió un ataque de enumeración, una y otra y otra, y otra vez más me tuvo la enumeración sin poder hablar, ni explicarme, sin parar de enumerar de forma virulenta y polisintética, qué menudo número hasta que conseguí ordenarme por dentro, porque no hubo de parar el ataque hasta que no bebí un litro de y griegas. Pero eso no fue lo peor, no, lo peor es que a raíz de los esfuerzos, se me salieron los acrósticos. Cómo se lo cuento. Formaban un bulto vertical claramente visible sobre la horizontalidad de mi piel. No, no escocían, no dolían, no sangraban, pero estéticamente llamaban un poco la atención no le voy a engañar. Aún así sabía que no debía preocuparme. En mi familia siempre habíamos padecido de esos órganos. Al primo Genitivo también le molestaban, pero a él se los sajaron, desde entonces se le conocía en el pueblo como Genitivo Sajón. También le ocurrió a otro primo, al Dativo, el que vivía por la declinación del río, pero él no tuvo suerte y murió. La literatura le tenga en su gloria. Así que más por miedo que por vergüenza, desde que se me salieron los acrósticos, decidí sufrirlos en silencio. 

Pero como consecuencia de aquel horrible y metafórico episodio, arrastré durante semanas un dolor y una ronquera que no se me curaban. Sabía que necesitaba atención facultativa, sin embargo cuando intentaba explicarlos ante el doctor no lograba definir, no podía detallar síntomas, no alcanzaba a explicar la intensidad, ni la profundidad, ni el grado, ni el malestar que me aquejaba. Y fue ahí, ahí fue cuando me di cuenta de que en la caída no solo me había hundido en una metonimia, me había costado asirme a un palíndromo, me había acometido un ataque de enumeración y se me habían salido los acrósticos sino que además, y sobre todo, me había ocurrido algo infinitamente peor: había perdido los adjetivos. No sabía qué había sido de ellos, suponía que al caer se me debían haber deslizado desde los bolsillos, se habían extraviado, echando a correr, cayendo por las alcantarillas, volándose con aquel vendaval literario...  ¿Qué sabía yo? Mis adjetivos... me preguntaba lloroso ¿Dónde habrían ido a parar? 

Ya ni me preocupaban los acrósticos, lo que a mí me amargaba la existencia era haber perdido los adjetivos, no quería yo ser el ablativo de todo el pueblo. Si yo contaba que me había quedado sin ellos, la noticia correría de boca en boca, como pólvora, en los pueblos son así, y me mirarían raro. Ya notaba yo que estaba cambiando, como una brújula que ha perdido el norte me sentía… Intentaba hablar y mis sustantivos salían a pasear por el aire como soldados uniformados, no existía diferencia alguna entre ellos. Echaba de menos a sus parejas, a los que hasta aquel entonces habían paseado de su brazo otorgándoles cualidades. ¿Y los colores, la intensidad, los atributos que los diferenciaban...? Ay mis calificativos que me habían ayudado tanto, mis queridos epítetos que ya no estaban... Y de suspirar por ellos y omitirlos, de esconder la pérdida, de tragarme el dolor y sorberme la tristeza, me resentí del zeugma. El vacío se me agarró a los riñones y a las amígdalas y no me dejaba hablar con fluidez, tiraba de mí para que yo omitiera palabras, para que me reservara información. Yo que siempre había pecado de espontáneo, de no guardar los secretos...

Así que volví a la consulta, no podía decir que había perdido los adjetivos, que clase de hispanohablante pensaría el médico que era yo, pero podría quejarme del zeugma que me martirizaba la vida y maltrataba mi vocabulario. En el fondo lo que más me asustaba era que una mañana alguien empezara a llamarme Antonomasio, padre de los dolores, que la gente es así, que hace leña del árbol que cae, lo sabré yo... Y luego el sambenito a ver cómo se lo quita uno de encima... si no que se lo digan a mi primo Genitivo.

Total, que el doctor Haiku, ante la gravedad de mis síntomas, procurando olvidarse de la medicina que solía practicar que en mi caso no haría que éstos remitieran, me escuchó muy atento lo del zeugma, la puntita del iceberg nada más en todas mis dolencias, y apuntó un tratamiento de choque: Una anáfora por la mañana, otra por la tarde y otra por la noche durante semanas, friegas con comparaciones a lo largo del día, tanto en la garganta como en los riñones, unas gárgaras con un anacoluto todas las mañanas y por último, vahos de aliteraciones por las noches en el pecho, que eso me gustó porque me recordó a mi infancia y el “vipsvaporub”. Este tratamiento me prometió que mejoraría mi vocabulario, mi expresión, mis ideas... El tratamiento aseguró que les daría fluidez, les imprimiría ritmo, les colorearía de sonidos.

-                     Te voy a hablar como a un subjuntivo de mi familia -y con la mano en el fonendoscopio dijo que quizás me curara o me curase- Pero no te quiero engañar -añadió- va a ser un tratamiento que te va a suponer esfuerzo y dedicación... no abandones. Si no tendré que volver a mi medicina, recetarte inyecciones con versos, esas que duelen de verdad porque van cristalizando según entran en el cuerpo, o supositorios que te obliguen a contar una y otra vez las sílabas de las frases y la disposición de los acentos…
-                     No doctor, por favor, eso no -le supliqué con angustia en algo más que en la voz. No me imaginaba cómo podría quedar yo después de esa medicina. 
-                     Tranquilo, quizás no sea necesario llegar hasta ese extremo, veremos como respondes al tratamiento...

De camino a casa, decidí ir dando una perífrasis, necesitaba pensar y tranquilizarme, y entré en una biblioteca a rezar a todas las figuras sagradas para que acudieran en mi ayuda. Rogué con tres rataplán, plán, plán, dos mec mec y en un tris ante la rica Onomatopeya, para que se apiadara de mí y me otorgara sus favores. Rogué ante la irracional Prosopopeya con solemnidad para que no me dejara convertirme en una fiera, perder el conocimiento, los principios y adjetivos... Rogué y rogué y rogué ante la Redundancia formas y más formas de acudir en mi ayuda. “¿Dónde andarán mis adjetivos? -penaba yo-. Si aparecieran desaparecerían mis problemas...”. Y seguía rezando a las figuras para que intercedieran por mí... “Sin ellos ya no podré pensar, ni hablar, ni escribir, ni relacionarme, ni nada... Seré un ser neutro, opaco, vacío.” No alcanzaba a imaginar una vida lejos de mis  adjetivos... El desamparo me embargaba... La desolación, la aflicción, la angustia, el pesar... iban haciendo mella en mí y no dejaban de estrujarme el alma con saña.

Hasta que unas lágrimas dejaron de obedecerme y se deslizaron vertiginosas por mi cara como por un tobogán. Al sentirlas y sin pensarlo me llevé los dedos hasta ellas, mojándome con su tacto.

“Pero qué triste estoy” alcancé a decir finalmente.

Y en ese momento oí una vocecita chillona  que decía:

-          “Por triste” dando una palmada a la pared victorioso.
-          Jo, -se quejó triste- no vale... Ha sido por su culpa... -decía señalándome... jo, siempre yo ¿Por qué?...

Y entonces empezaron a salir todos de sus escondites, “triste” dando patadas de desilusión, “alegre” dando saltos, “desconfiado” mirando hacia todos lados, “sonriente” enseñando hasta las muelas, “azul” haciendo piruetas de surf sobre una ola, “pensativo” tocándose la barbilla, “perezoso” bostezando, “cansado” sentándose por todos lados, “feliz” deslizándose levitando sobre los demás... Y llegó sudoroso, preocupado, paciente, nervioso… Y hambriento, y enfadado y estudioso... y todos los demás.

Todos, todos empezaron a salir de sus escondites y aparecieron ante mí, como son ellos: distintos, únicos, mágicos.
-          ¿Pero se puede saber dónde os habéis metido? les reprendí como un padre,  cogiendo a enfadado por los hombros, pero sin saber si reír o seguir llorando esta vez de alegría…
-          “Estábamos jugando...” contestaron ellos todos a la vez.


Y sin prestarme más atención, salieron corriendo para todos lados y gritando “La próxima vez la liga triste...” Y triste detrás de ellos se quejaba de su suerte “Jo, siempre yo, ¿por qué a mí? Qué pena y qué desgracia...”
Y me sonreí viéndoles alejarse... pero sintiéndolos tan cerca que solo con nombrarlos aparecerían ante mí. Y se me pasó el dolor y la ronquera y el zeugma y los acrósticos y ya nadie, nadie me llamaría Antonomasio, porque mis adjetivos seguían a mi cargo, seguían en mí para colorearme la vida de emociones.


©Rocío Díaz Gómez






viernes, 25 de noviembre de 2011

Convocatoria poéticas para el día de hoy: Sagrario del Peral, Cereijo. También entrega de premios "Frida Khalo"...




Hoy una compañera de nuestra tertulia presenta un libro "Fragmentada" a las 19,30 en el Café Libertad 8. Invitado especial: Pedro Mari Sánchez.

Y después cerca de allí, a las 22:30 en el Ateneo, y dentro de los Viernes de la Cacharrería. Presentación "Antología poética" de José Cereijo.


Algo más lejos y casi coincidiendo en las horas compañeros nuestros de la tertulia como Feli Martinez, Andres Serrano, Calia Cañadas y Aureliano Cañadas estarán en la entrega de premios del IX Certamen de Narrativa "Frida Khalo" en la Biblioteca Pública María Moliner de Villaverde Alto a las 19 horas. Unos como organizadores y otros como miembros del jurado.

Por si alguien se quiere acercar.

Ya veis, tenemos una tarde muy poética.







jueves, 24 de noviembre de 2011

24 de noviembre. Microrrelato de Rocío Díaz



La línea que separa la niñez del resto de su vida es de color azul.  

De ese mismo tono de las prendas que nunca colorearán su armario, esas que nunca colgarán de sus hombros destiñendo su paso, ese azul glaciar que emborronó su principio y aborrece.   

Tenía ocho años y la certeza absoluta de que su vida nunca cambiaría. Si acaso se salpicaría de saltos breves y alegres, remolinos en la corriente placida de aquellos días, probarse mil vestidos de comunión o asistir emocionada desde el otro lado de la pantalla al tortazo que después de cientos de capítulos al fin le daba Laura Ingalls a Nely Olesson.  

Solo cuando en el colegio las monjas comenzaron a preguntarle por su familia comprendió que algo no iba bien, pero se acostumbró a disfrazar el escalofrío con el que la pregunta le encogía el alma con una sonrisa fugaz, dejando escapar un “bien, bien” educado y veloz que no diera lugar a más. Se iban colando sin avisar por una rendija de lo cotidiano, se iban haciendo hueco después en su pequeña vida, otros cambios que amenazaban los días, que su padre dejara de trabajar, que creciera el numero de medicamentos sobre la mesilla, que se multiplicaran las visitas de compañeros y amigos. ¿Por qué? Quería seguir viviendo en su limbo de niños felices, no quería enterarse, no quería pensar por nada del mundo en el final de esa película que no presentía feliz.  

Hasta que llegó el día que un inmenso vacío congeló el rumbo de su brújula infantil, se volvieron borrosas las coordenadas de su vida y el azul, el azul glacial, de un montón de telegramas que envió la muerte fue creciendo en un cajón de la cómoda de su madre, trazando definitivamente una gruesa línea de separación con lo que dejó de ser su niñez.

©Rocío Díaz Gómez

miércoles, 23 de noviembre de 2011

De nombres de tiendas, bares... locales comerciales varios

"No me toques las palmas que me conozco"

Esta foto es que no pude por menos que hacerla,
porque me pareció el nombre de lo más gracioso ¿verdad?
Pues es de Valencia, de un bar de tapas...


Ya sabéis esta fijación que tengo con las palabras, las frases, los letreros, y por extensión con los nombres de las tiendas y demás locales comerciales que voy encontrando en mi camino. Con la etiqueta de "Los nombres de las tiendas" tenéis en este blog más entradas que se refieren a ésto.

Pues nada, aquí os dejo con otro montoncito que me he llevado prestadas de aquí o allá...


"Arropa que hay poca"



"Arropa que hay poca"es una tienda de ropa (valga la redundacia...) que está en Madrid, en plena calle Arenal. Me hizo gracia el juego de palabras...




"Despacho de... V. Zamorano"

Esta tienda "Despacho de... V. Zamorano" es una ¿antigua? lechería que hay
por el barrio de Malasaña en Madrid. 
La verdad es que era domingo y no sé si funciona todavía... Me gustó mucho encontrarla porque me devolvió ese sabor a las cosas de antes:
"Establos propios", "Se sirve a domicilio desde un litro en adelante..."


 "El dragón lector".

¡Una de mis librerías! Qué chulo el nombre ¿verdad?
Es una librería infantil que está en Madrid, por Chamberí.





"Fatal de lo mío"
Esta tienda "Fatal de lo mío", claro también me hizo muchísima gracia el nombre, así que tuve que hacerle la foto... Está en Malasaña.



Bueno, y por esta vez ya vale...

Espero que os hayan gustado.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Homenaje a Aureliano Cañadas en Los Diablos Azules el jueves 17 de noviembre


Aureliano Cañadas, poeta, compañero de tertulia, amigo de letras ha cumplido 75 años. Ahí es nada...

A Aureliano Cañadas, El Aure, le conocí allá por el año 98, cuando aún eramos un taller de creación literaria que se reunía en un Centro Cultural de un barrio perdido de Madrid. Entonces hacíamos, qué cosas, hasta nuestro festival literario fin de curso, y el Aure que conocía a Javier, el monitor de nuestro taller, venía siempre a actuar con nosotros, tan atacado por los nervios como cualquiera...

 Yo quiero creer que algo habremos aprendido en este montón de años de lo que es enfrentarse a tantas caras mirándote y esperando que les cuentes algo que les haga emocionarse... Desde luego los nervios siguen ahí, en el fondo de nosotros, creciendo en el estómago y saliendo por nuestros dedos y nuestra voz. Aunque espero que un poco los hayamos domado. Desde luego, lo que sí hemos aprendido es a pelear con las letras, a divertirnos más con ellas inventándonos aventuras literarias que muchas veces es el mismo Aure quién promueve o quién nos da la excusa perfecta.

Como en este caso.

Tenemos aquí debajo en el vídeo a Aureliano nada más comenzar el acto, leyéndonos el haiku que había escrito el día anterior, un poco en broma, un poco en serio...
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A mí me gustaría llegar a los setenta con la vitalidad que él tiene. Con esas ganas que le echa a ésto, con ese afán porque nos pongamos las pilas para esta antología, esta lectura o esta exposición. Me gustaría llegar a los setenta y que él me estuviera esperando para que yo sintiera su cariño, y pudiera seguir trasmitiéndole mi admiración mientras nos embarcamos en alguna historia de las nuestras.

Porque el Aure nos quiere. Nos ha unido con los compañeros del Círculo de Bellas Artes. Nos hace propaganda, nos presenta gente que escribe muy bien, nos trae compañeros interesantes de lo que aprender. Nos va conectando a los unos con los otros en una red invisible de palabras y cariño.

¿Cómo no quererle?
¿Cómo no querer a alguien que se presenta un buen día con un paquetito y te dice: "Niña hoy por escribir tan bien y haber ganado ese premio vas a ser laureada..." y abres la bolsa y te encuentras con un pequeño laurel que ha plantado para tí en una macetita...

Supongo que de eso se trataba. En los Diablos Azules queríamos estar con él, allí todos juntos. Demostrarle que le admiramos, que celebramos que está cerca, que quiere venir a una tertulia tan humilde como la nuestra, que quiere embarcarnos en mil historias literarias... en definitiva, darle las gracias.

¿Lo conseguimos?

No lo sé. Espero que sí.



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Javier Díaz Gil, coordinador de nuestra tertulia, leyó un par de poemas, mientras iba dirigiendo el turno de entradas y salidas al escenario.

Después le siguió Celeste Lamas, que nos leyó también un par de Poemas.

Elena Peralta


Carmen Frontera
Juan Antonio Arroyo


























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Aquí encima Celia Cañadas, y debajo Paloma Sánchez.

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En este vídeo de arriba Ana Delgado.

David Lerma enseñando una revista que hacíamos... qué nostalgia!!

Feli Martinez


Maria Antonia Copado y Javier Díaz


Ana González.

La contadora...

Alma Pagés

Agustín Paico

Cada uno de nosotros leyó algo nuestro, algún texto de nuestra propia cosecha y después algún poema de Aureliano. Yo ya sabéis cual elegí, ese que me gusta tanto:

 Pescado

Y me enganchó la boca
con el terrible anzuelo de su boca,
 me arrastró hasta la luz del sol, el aire,
y me dejó morar sobre la arena
                                                despacito.

Aureliano Cañadas
Del libro "Doble vida"

Para terminar Aureliano nos leyó dos de sus poemas. Nos dieron las nueve, las diez, casi las once... Pero era jueves y había que recogerse... Si no, lo mismo seguíamos... no era por falta de ganas.
Aure ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos?




Finalmente os dejo con algunas fotos, primero preparando el recital, repasando, organizando... Después Javier Díaz Gil atento al desarrollo del mismo, y finalmente casi todos ( ya era muy tarde y algunos se tuvieron que marchar) ya al final.